Tom Gregory, el niño de 11 años que cruzó a nado el mítico Canal de la Mancha

Escrito en julio 22, 2019 por

El pasado 9 de julio la joven nadadora australiana de 17 años Brianna Thompson cruzaba el Canal de la Mancha en ambos sentidos en poco más de 22 horas y media y se convertía en la nadadora más joven de la historia en haber cruzado tres veces el Canal en el último año. Y esto nos ha hecho investigar quién fue la persona más joven en cruzar por primera las frías aguas que separan Francia de Inglaterra a lo largo de sus más de 33 kilómetros y sus terribles corrientes. Su nombre, Tom Gregory.

Su historia comienza a los 6 años cuando se traslada junto con su familia al sureste de Londres  (Eltham) y allí empezó a nadar en la piscina municipal junto con sus primos. Por aquel entonces, John Bullet era el entrenador del club de natación donde nadaba Tom, que seleccionaba a aquellos talentos de la natación y les animaba a conseguir objetivos importantes en su vida deportiva. Eltham está situado a unos 110 kilómetros de Dover y la especialidad del club era conseguir que sus chicos cruzaran el Canal de la Mancha a nado.

Tom Gregory empezó a hacer sus pinitos en aguas abiertas ya con solo 8 años, cuando empezó nadando en el lago Windermere en el norte de Inglaterra durante 1,5 kms en unas aguas muy parecidas a las del Canal de la Mancha, profundas, frías y con corrientes.

6 de septiembre de 1988

Y poco a poco, acostumbrado al frío y a las corrientes es como Tom Gregory se lanzó a las 5 de la mañana del 6 de septiembre de 1988 a las frías aguas del Canal de la Mancha en el Cabo Gris-Nez, el punto más cercano entre Francia e Inglaterra. A su lado, por supuesto, su entrenador John Bullet, que le seguiría en todo momento desde un pequeño pesquero que le iba mostrando la ruta al joven nadador. Aunque el Cabo Gris-Nez está a sólo 32 kilómetros en línea recta de Dover en Inglaterra, Tom tuvo que nadar muchos más kilómetros siguiendo una ruta en forma de «S» por las corrientes.

Al principio todo fue bien. Sabía que estaba nadando rápido. Llegó a la mitad del recorrido en menos de cinco horas y empezó a divisar los acantilados de Dover, pero estaban todavía muy lejos. El momento más duro, el «muro» había llegado y empezó la tortura mental. Su cuerpo empezó a decir basta. Tom solo veía a su entrenador cuando paraba a tomar galletas o algo de sopa caliente, pero en el último tercio de trayecto, John le buscó con la mirada en cada brazada animándole para que no se parara.

Por fin, los acantilados de Dover más cerca que nunca. John abandonó el pesquero para guiar a su pupilo con un bote hasta la orilla. «Era extraño, estaba agotado, pero en los últimos 10 minutos aceleré hasta la orilla. Era como si fuera con el piloto automático. Recuerdo a John que me gritaba ‘¡Dale, dale, dale!’», decía Tom.

«Cuando alcancé la orilla estaba muy cerca de perder la conciencia», recuerda Tom. «Estaba mareado, confundido. Me habían dicho que tenías que andar tres pasos sin ayuda al pisar tierra, si no, no lo habías logrado. Pero yo no podía aguantarme de pie, estaba de rodillas. Esos pasos eran fundamentales. Conseguí dar los tres pasos y me senté. Recuerdo estar rodeado de gente que me acurrucaba».

En total, 11 horas y 54 minutos en cruzar el Canal. Tenía 11 años y 336 días de edad. Nadie más joven ha logrado esta hazaña, y nadie lo logrará. La Asociación de Natación del Canal de la Mancha prohibió que los menores de 12 años nadaran en el Canal apenas unas semanas después del récord de Tom Gregory. En noviembre de 2000, amplió la prohibición a los menores de 16 años.

«La gente que muere en el intento de cruzar el canal a nado, y la hay, tiende a morir por hipotermia,» afirma Tom. «Si soportas el frío entonces has conseguido la mitad».

La muerte de su entrenador cinco meses después

Tom Gregory no pasaría a la fama en el mundo de la natación después de conseguir este récord.  John Bullet, su inconformista entrenador que le llevó al éxito, murió cinco meses después de que Gregory estableciera el récord. Tenía 50 años. La pérdida siempre atormentó la adolescencia de Gregory. «Le adoraba. Me encantaba estar cerca de él porque hizo de esto algo divertido. En cierto modo le adoraba, pero todos lo hacíamos», recuerda. Se retiró del mundo de la natación mientras trataba de lidiar con el dolor de perder a un entrenador que había sido como su segundo padre.

Tom y Bullet habían hecho todos sus planes para batir récords en el futuro: nadar en el Támesis y llegar a Irlanda. Pero los efectos de la pérdida fueron mucho más profundos para un joven Gregory. «Me llevó años superarlo. Todavía tenía pesadillas cumplidos los 20 años».

Poco más se ha sabido de este joven nadador. Incluso sus amigos se sorprenden al descubrir que tiene semejante récord mundial. Son recuerdos felices, dice, pero que ha estado contento de llevar consigo en silencio a lo largo de su carrera como capitán en el ejército anglo-americano, sirviendo en Irak y Afganistán, y ahora trabaja en la firma Deloitte. Vive en Surrey con su esposa y sus dos hijas.

Sin embargo, a Gregory le encantaría ver batido su propio récord. Que a nadie se le permita intentar batirlo, dice, le quita su valor. «Siempre pensé que vendría otro niño y rompería mi récord. Así es como funcionan estas cosas».

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